miércoles, 2 de diciembre de 2015

“El rol ritual de la mujer en el Rito Francés y su expansión en América” (Parte 1)

A propósito de las Jornadas de Rito Francés de la Academia do Vº Imperio, realizadas en Oporto, el pasado 14 de noviembre, presento a la comunidad masónica y lectores en general un trabajo de investigación sociológica ampliado que comenzará con la publicación de mi ponencia en ese magno evento, y terminará con los resultados de una investigación que he realizado con la colaboración de HHnas.·. de varios países de Latinoamérica y España. Este trabajo forma también parte de la nueva etapa de trabajos que emprenderá el Círculo de Estudios del Rito Francés Roëttiers de Montaleau, así como la Unión Masónica Universal del Rito Moderno - UMURM, y constará de 3 partes.

Jornadas do Rito Francés, Academia do Vº Imperio
Oporto, Portugal

“El rol ritual de la mujer en el Rito Francés y su expansión en América”.

Historia Comparada de la mujer en la masonería y la mujer en el mundo profano.

Es muy difícil no hablar de Mujer y Masonería sin caer en el viejo tema de si existieron mujeres o no en la masonería operativa, y enumerar las fechas históricas en las que aparecieron formalmente espacios masónicos donde la presencia de la mujer cobraba una especial relevancia.

Tampoco se puede dejar de lado los “viejos y trillados discursos” que pretenden explicar porque la Masonería no es un oficio para mujeres sin caer en viejos esquemas “incuestionables” sobre la incapacidad de esta para sostener el equilibrio social o energético, encontrando una serie de matices de excusas que en el fondo reproducen esquemas de pensamientos que el francmasón (hombre) probablemente jamás se ha cuestionado, y repitiendo hasta día de hoy una especie de sugestión que se enraíza en el subconsciente colectivo de algunos Hermanos y a lo que otros Hermanos y Hermanas denominan “pensamiento retrógrado”.

En primer lugar hay que reconocer que las relaciones de producción han sido y son el eje que articula las formas de pensamiento y las relaciones de la sociedad. Existen documentos que demuestran de manera incontestable que la mujer participó como obrera en los gremios medievales, siempre en apoyo a sus maridos, sus padres, o hermanos, Maestros de las obras, para ganar un salario que ayude a sustentar las necesidades del hogar. Así constan libros como el de los Oficios de París de 1268 y los estatutos de las Guilde des Charpentiers de Norwich en 1375.

Por ejemplo, el más antiguo de los Old Charges[1], el Poema “Regius”, en 1390 aproximadamente, cita textualmente lo siguiente:

Línea 42: “and love togeder as syster and brothur” (deben amarse como hermano y hermana).

Línea 204: “but be togeder as systur and brother” (pero estar juntos como hermano y hermana).

Línea 352: “As thawgh they were syster and brother” (como si fueran hermana y hermano)[2].

El “York Manuscript” nº 4[3], menciona: “… the Elders taking the Booke, hee or shee (sic) that is to be made Mason shall lay their hands thereon, and the charge shall be given” ( … habiendo tomado el Libro los Ancianos, aquél o aquella (sic) que será hecho Masón colocará sus manos sobre el mismo, y el deber será dado).

Se pueden enumerar los manuscritos “Hudleston”, derivado de los manuscritos “Colne”, o varios registros en países como Francia o Inglaterra, donde en 1669 fueron nombradas dos viudas como miembros de la Operative Mason’s Court. Por tanto justificar la no participación de las mujeres en la Masonería Especulativa, amparados en este aspecto, ya no es un argumento válido. Pero cuales eran las relaciones de producción y de poder que giraban en torno a la mujer en esta época?


Sin enumerar aquellas culturas antiguas donde la mujer podía cazar por su propia cuenta[4] y controlar la distribución de los recursos o incluso gobernar[5], la mujer en la edad media empieza a ser importante para el matrimonio al pasar a ser una persona que puede aportar dinero a casa y suministrar el dinero de la familia, e incluso en el manejo de la producción agraria para autoconsumo, es decir era útil y de apoyo, de ahí que no sea extraño que trabajaran en los gremios.

Sin duda la fecha de nacimiento formal de la Masonería tal como la conocemos y la practicamos hoy en día, llamada Especulativa, es 1717, en la cual cuatro Logias se unen para formar la Gran Logia de Londres, que luego, en 1723 publicaría las famosas “Constituciones” redactadas por el pastor James Anderson y Jean Théophile Désaguliers que excluye de la práctica especulativa a la mujer, señalando en el artículo III que los miembros de una Logia deben ser:


« […] doivent être hommes de bien et loyaux, nés libres et d'âge mûr et discrets, ni serfs, ni femmes, ni hommes immoraux et scandaleux, mais de bonne réputation. »

Previo a este hecho, en 1671, Poullain de la Barre escribe “la educación de las damas”, un texto que influirá posteriomente en los planteamientos de Condocet, J.S. Mill y en Simone de Beauvoir, es decir, empezaban a plantearse estudios sobre las cuestiones de género que más adelante servirán de base para explicar algunas cosas, sin olvidar que para 1693 los Statuts de la Logia de York también hablaban de mujeres que participaban en sus trabajos.

Luego, en 1712 sucedió un hecho insólito. Elisabeth Adlsworth[6] fue la primera mujer en ser iniciada francmasona luego de haber presenciado una iniciación masónica a través de un agujero en una pared de la biblioteca de su casa que daba a la Logia donde su padre y su hermano trabajaba. Siendo su hermano el Venerable, y habiendo sido sorprendida, la logia se reunió durante más de dos horas, luego de las cuales se le pidió escoger entre ser iniciada o la muerte, y aceptando ser iniciada, va a permanecer como miembro hasta su muerte a la edad de 95 años.



Por otro lado, en 1736, en el continente, el Caballero Ramsay en su célebre discurso masónico expone la prohibición de las mujeres en las Logias, pero no como un tema de principio, sino de “protección de la pureza de nuestras reflexiones y costumbres”

Caballero Ramsay

« Si le sexe est banni, qu'il n'en ait point d'alarmes,
Ce n'est point un outrage[7] à sa fidélité;
Mais on craint que l'amour entrant avec ses charmes,
Ne produise l'oubli de la fraternité.
Noms de frère et d'ami seroient de faibles armes
Pour garantir les cœurs de la rivalité. »

De dónde provenía este “miedo”?


Antes del siglo XVII, las ideas sobre diferenciación de géneros estuvieron influidas por las teorías de los escritores clásicos griegos, para quienes las mujeres carecían de toda esencia por sí mismas y tenían que ser vistas como versiones inferiores de los hombres, tal como describen las ideas de Galeano[8], “las mujeres eran hombres imperfectos que carecían del calor y de la energía que originaban la forma perfecta del hombre y su fuerza física”, es decir solo existía un sexo, el masculino, en el que las mujeres son inferiores al hombre, sin reconocer que era un sexo distinto.

Fue hasta el siglo XVIII que, los estudios de anatomía, empiezan a originar la idea de que los hombres y mujeres eran totalmente opuestos, poseedores de características diametralmente opuestas, y aduciendo que estas diferencias constituían la base para las leyes maritales que concedían a los hombres el poder de mandar sobre las mujeres[9]”. El interés por las diferencias de género estuvo acompañado por la importancia de la energía típicamente varonil, como esencial para la actividad política masculina. 

Esto dio pie a que, años más tarde, tanto Kant como Johannes Gottlieb Fitche[10], dijeran que el impulso sexual masculino estaba íntimamente ligado al impulso por la independencia, la autonomía y la libertad, y que en la pasividad femenina subyace la creencia de que las mujeres no eran merecedoras de derechos políticos ni de la plena ciudadanía, discurso que era la consecuencia de un aparente aumento de la actividad sexual, dentro y fuera del matrimonio, y que por tanto las principales preocupaciones estén relacionadas con el aumento de la promiscuidad y la desintegración de la familia. 

Rousseau decía que la mejor manera de refrenar el impulso del deseo sexual masculino era mantener a la mujer recluida dentro del hogar, como forma de asegurar el orden político y social, excluyéndola por completo de este ámbito, pues su presencia distraería a los hombres, y llevaría consigo la promiscuidad, y su encierro en el hogar las apartaría de las miradas promiscuas de los hombres, preservando la castidad y restringiendo la sexualidad masculina a la vida monógama familiar como un reformador del comportamiento masculino.

Es decir, el reconocimiento como ser racional de la mujer también suponía volver a considerar la conducta y las cualidades morales de las mujeres, fijadas sobre los convencionalismos de un solo modelo de virtud humana[11], especialmente cuando las diferenciaciones cuestionaban por ejemplo, las maneras en que el término “modestia” se usaba para referirse, en el caso de los hombres, a “la sobriedad de mente que enseña al hombre a no tener un concepto de sí mismo más alto de lo que debiera” y, en el caso de las mujeres, solamente la conducta sexual[12].


Siendo imposible en el siglo XVIII tener a las mujeres alejadas de los beneficios que aportaba la masonería, especialmente a las de la alta nobleza, y apoyados en el hecho que las constituciones de Anderson no prohibían recibirlas en banquetes y otros eventos, fueron integradas a partir de 1740 en varias Logias especialmente en Inglaterra, Alemania y Holanda, donde finalmente fueron iniciadas hasta que en 1774, la Gran Logia de Francia y el GODF, presididos entonces por el Conde de Clermont y el Duque de Chartres, crearán las Logias de Adopción, llamadas así por estar adheridas a un taller masculino y contar con las supervisión de un hombre (el Venerable), como una opción para alejar a las mujeres de la proliferación de otras ordenes secretas y de carácter esotéricas que aparecieron a principios del siglo XVIII y que permitían la entrada de mujeres. Se ha de decir que la Masonería de Adopción fue exportada a Latinoamérica, donde influyó en la participación de mujeres que destcaron en los procesos de independencia, mientras, lamentablemente años más tarde en Europa, en 1808, fueron prohibidas por el mismo GODF como contrarias a sus constituciones, sin embargo algunas subsistieron de manera marginal. Por que?

Logias de Adopción

Porque entre 1671 y 1783 los textos que hablan sobre « la educación de las mujeres » de Poullaine de la Barre y Chordelos de Lacros, promovían el poder absoluto de la reforma educativa para liberar a las mujeres. “Antoine Claritat, marqués de Condorcet[13], quien asisitía a los “salones de damas”[14] que proliferaban en la época, influido por la revolución norteamericana, y donde conoció “la seguridad y la libertad de las mujeres en Norteamérica” evidente en aquellos salones de Estados Unidos donde acudían Thomas Paine, Jefferson y Franklin, desarrolla el tema feminista publicando escritos “Acerca de la admisión de las mujeres al derecho civil”. En esos salones,[15] se discutía de letras, artes y política. 

El aparecimiento de las logias femeninas de adopción, donde “las mujeres pueden acceder a los grados de aprendices, compañeras, maestras y maestras perfectas”, y el salón que abre Sofía Condorcet, y que era muy frecuentado en la época, por Beaumarchais, Lafayette, la duquesa Dabrantes, Cabanis, Chènier, Grimm, Adam Smith, Paine, Jefferson y Beccaria[16] hacen que la postura de Condorcet, opuesta a la de Rousseau que afirmaba que “las mujeres solo sirven para cuidarnos y para atormentarnos”, hizo que la lucha de las mujeres se centre en el cuestionamiento de la autoridad marital, de la participación de las mujeres en la política, de la compatibilidad de las tareas maternales y las políticas, manifestando que “la sola diferencia que puede haber entre un hombre y una mujer es obra de la educación”. 

Olympe de Gouges
La lucha por los derechos políticos de la mujer se inició infructuosamente durante la revolución francesa de 1789; sus protagonistas denunciaron que la libertad, la igualdad y la fraternidad sólo se referían a los hombres. Una de las voces de protesta más enérgicas fue la de Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en 1791, dos años después de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Este documento que reclamaba para las mujeres los mismos derechos políticos que disfrutaban los hombres, inclusive el sufragio, no tuvo éxito. De Gouges, en plena vorágine del terror revolucionario fue muerta decapitada en la guillotina.

Olga Vallejo Rueda
Vº Ord.·., Gr.·. 9
Sup.·.Com.·. del Sublime Consejo del Rito Moderno para el Ecuador
Presidenta de la Unión Masónica Universal del Rito Moderno - UMURM
Miembro del Círculo de Estudios del Rito Francés Roëttiers de Montaelau



[1]
Antiguos Deberes de la Masonería Operativa
[2] La mujer en la masonería operativa medieval, Dr. Jorge Francisco Ferro, Apéndice al “Diccionario Masónico – Entre Columnas”, ed. Lumen, Buenos Aires, 2007, pp. 287 y siguientes.
[3] Actualmente custodiado por la Grand Lodge of York
[4] Esto en la cultura nigeriana Aka.
[5] Como en el caso de Cleopatra.
[6] Nacida en 1693. En 1712 tenía 19 años de edad.
[7] atropello
[8] Mismas que se volvieron a reformular durante el Renacimiento
[9] Hull, 1996
[10] de principios del siglo XIX
[11] el mismo para hombres y para mujeres
[12] Cosa que era criticada por Wollstonecraft, en , pp 35 y 36
[13] 1743-1794, filósofo, sabio y hombre político de orientación jacobina, contaba entre sus múltiples proyectos “los derechos de las mujeres”. Su esposa Sofie de Grouchy, influiría también en sus propuestas.
[14] el salón de Jilia de Lespinasse, donde también acuden Diderot, Helvecio y Turgot, entre otros.
[15] que recibían sólo a pensadores de ideas avanzadas. Los salones más famosos de la época eran el de Lespinasse, Geofrin y Mme. Helvetius. Las damas daban nombre a estos escenarios donde se discutía de las letras, arte y política. A medida que se acerca la fecha clave de 1789 ciertos salones se radicalizan y especializan, sea en la defensa de las letras y las artes, o de las posturas políticas.
[16] Ella, junto con Mme. Helvetius y Mme. De Boufflers, escribe “Cartas sobre la simpatía” (que influyen sobre el texto de Condorcet: “Cartas de un burgués de New Haven a un ciudadano de Virginia”), en las cuales se apunta que la democracia real no ha existido nunca, porque las mujeres no tienen derechos y aconseja, siguiendo la costumbre de las inglesas, que no paguen impuestos, “porque sólo se está legalmente comprometido a los impuestos a favor de los cuales uno ha votado” .

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